Actuaciones

Post

TRIUNFA Y SIGUE

Guillermo Hermoso de Mendoza, el protagonista de haber obtenido el último rabo concedido en esta plaza de Cuenca, regresaba tres años después a la misma, ahora como un torero mucho más cuajado, y sobre todo confirmando una temporada marcada por los éxitos y por la rotundidad de los resultados y de su toreo.

No tardó mucho en mostrar esa progresión, porque ya con su primero, Guillermo había obtenido las dos orejas necesarias para abrir de nuevo la Puerta Grande que consiguió también en aquel 2.019. Dos orejas cimentadas en la entrega, en el tener claro el sentido de la lidia y en conocer los terrenos precisos para que el parado toro de Benítez Cubero embistiera. Porque el toro no se lo puso fácil y desde el inicio, montando a JIBARO, Guillermo tuvo que buscar al toro para encelarlo y no fue hasta el primer rejón de castigo, cuando el toro dio un fuerte arreón tras el galope de JIBARO y este lo fue templando a lo largo del ruedo para dejarlo clavado con un preciso y precioso doblón de los cuartos traseros. Un ímpetu ficticio, porque en el tercio de banderillas el toro volvió a agarrarse al suelo y a esperar que los caballos llegasen a sus terrenos. Terrenos a los que se acercaba DISPARATE provocando su embestida para dejar dos banderillas de perfecta ejecución, de las cuales el caballo salía y entraba sintiéndose torero. A las hermosinas, les faltaba el empuje del toro porque no galopaba mucho, pero el caballo lo intentaba y el público lo agradecía. La poca movilidad del toro, la anulaba por momentos ILUSION que de tanto girar y enfrentar al astado lo hacía embestir y dar emoción a los embroques. Se echaba encima una y otra vez, provocando con la mirada hasta que el toro arrancaba y entonces el caballo se gustaba vaciando la embestida. Guillermo estaba dejando sus credenciales y vencimiento las deficiencias del toro, para lo que continuó con CORSARIO, con quien se echó literalmente encima del toro y fue dejando una tras otra las tres banderillas cortas, sin apenas tiempos muertos. Cuando agarró el rejón de muerte, se fue directo a por el toro y en una reunión en el estribo volvió a recetar un rejonazo mortal de necesidad que hizo que el toro doblase al instante sin puntilla. El tendido se pobló de pañuelos y la presidencia, a pesar de que se lo pensó mucho, concedió las dos orejas para el estellés.

El que cerró plaza tuvo más calidad y Guillermo durante la lidia lo aprovechó más. Pronto lo tenía encelado con MARTINCHO, llegándolo toreado en corto, con circulares y con el toro muy encelado en la cola el caballo. Cuando terminó, MARTINCHO se fue al otro lado de la plaza y desde allí atacó de frente, el toro en la otro punta también atacó y ambos se juntaron en los medios, allí un pequeño toque con el pecho del caballo desplazó al toro y Guillermo puso el primer rejón de castigo. Lo más puro de la tarde y lo más emocionante. Con un solo rejón de castigo dio entrada a BERLIN, que tuvo toro para lucir y pronto los galopes de costado llegaron a Cuenca. Con el toro encelado en la cola del caballo este cambiaba el galope y se metía por los adentros a modo de trincherazo y salía con el toro encelado en la otra dirección, alternando ahora los golpes de grupa en un sentido y en otro. A un gran BERLIN, le sustituyó en el ruedo ILUSION, ahora con un toro más en su tipo de toreo y con el que el caballo deleitó a la concurrencia toreando en círculos, siempre con la frente entre los pitones y llevando al astado pegado en el estribo. El colofón a lomos de ESENCIAL tuvo la calidad que el caballo impone al tercio con tres rosas por los adentros, pero dando el pecho, dando importancia al tercio que se prologó ya con un toro muy parado con un par a dos manos, también pasando por dentro. Para la suerte final, Guillermo se fue a la otra punta donde estaba el toro y como si del primer tercio se tratase, se fue por el toro de forma frontal, llegando al astado y dejando un rejón insuficiente. Como el toro no colaboraba para esta suerte, continuó intentándolo ahora en corto con un nuevo pinchazo y medio rejón que necesitó de dos golpes de descabello pie a tierra, esfumándose cualquier posibilidad de trofeos.