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OREJA DE CASTA

Regresaba a los carteles de la Feria de La Merced de Huelva una fórmula ya casi extinguida y que en su tiempo era uno de los carteles estrella de las corridas de rejones de la temporada. El festejo de seis toreros a caballos que tanto se estiló en la matinal de la Feria de Abril de Sevilla o en Fallas de Valencia, se imponía en esta ocasión en Huelva y la fórmula se convirtió en un éxito. Diversos estilos, diversas nacionalidades y diversas formas de entender el toreo a caballo se enfrentaban a una corrida de Fermín Bohórquez en el cierre de esta feria onubense. Abrió plaza, como se estila, el más veterano del cartel iniciando así una capicúa que comenzaba por Hermoso de Mendoza y terminaba con Hermoso de Mendoza.

Como hemos dicho, el cierre correspondió al otro Hermoso de Mendoza, a Guillermo y lo hizo ante el peor toro del festejo. Toro rajado, siempre buscando tablas y al que Guillermo le hizo una lidia de auténtico veterano. Siempre trató de sacar al toro de sus querencias y que diese lo poco que tenía y así desde el inicio con JIBARO se puso el buzo de trabajo y comenzó a ir a buscarlo a cruzarse con él en sus huidas y a tratar de que se fijara en el caballo. Se veía a un Guillermo enrazado, con ganas de triunfar y de no dejar que el toro le arruinara la noche. Apostó fuerte por DISPARATE para reeditar una hermosina que precisamente nació en esta plaza de La Merced. El toro no lo permitía, pero Guillermo estuvo terco y tanto se metió al toro que al final consiguió sacarle algún galope y realizar la hermosina. La gente estaba agradecida al esfuerzo y apoyaba cada evolución del joven jinete que ahora apostaba por INDICO y al final el toro ya se rajó del todo y no lo pudo sacar de su querencia en tablas. Entonces Hermoso cambió de registro y atacó dos espectaculares banderillas al sesgo en las que INDICO se montó encima del toro. Con esa materia prima, ya enculada en tablas, se montó nuevamente encima con dos rosas por ESENCIAL, por los adentros, ajustando los terrenos y dejando a continuación un par a dos manos en el que todo lo hicieron caballo y jinete. Al igual que su padre tenía el triunfo en la mano pero también como él lo pinchó y aún así obtuvo una más que merecida oreja.

Tarde en la que los trofeos no hicieron justicia con lo visto en el ruedo donde Guillermo continuó opositando a la cima del escalafón, ahora tirando de trabajo y de casta.