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EL CONFINAMIENTO DEL REJÓN

DIARIO DE NAVARRA Por Natxo Gutiérrez (5 mayo 2020)

La feria de San Isidro iba a tener una connotación especial para Guillermo Hermoso de Mendoza. Más allá de ser plaza mayor, donde una buena faena es sinónimo de consagración en la suerte de todo maestro de la lidia, Madrid esperaba la confirmación de su alternativa bajo la tutela y la bendición de su padre, Pablo. Fueron sus manos las que le introdujo justo mañana hace un año en la suerte de hermandad de los caballeros del rejón en otro marco incomparable de historia, tradición y encanto: La Real Maestranza de Sevilla.

“Vamos a ver si a finales de agosto y septiembre regresa la normalidad. De lo contrario va a ser una temporada en blanco”, se sincera en un receso de su rutina de entrenamiento.

La campaña de su padre estaba jalonada de pocos festejos. “Mi idea -señala el progenitor laureado- era torear unos diez o doce, escogiendo los lugares más signi­ficativos para mí y así bajarle en intensidad a los años anteriores. Serían festejos significativos entre los que podían caber la confirmación de Guillermo en Madrid, o plazas como Pamplona, Estella....Otra de las intenciones que tenía y que ya llevamos a cabo en la temporada mexicana es que Guillermo y yo fuésemos cada uno por nuestro lado, coincidien­do en algunos carteles, pero en los menos posibles”.

Los planes calculados en el respeto a la temporada combina­da con México se hicieron trizas. “En un principio -apunta Pablo Hermoso de Mendoza-, Guillermo tenía que haber debutado en España en la Feria de Fallas de Valencia. Eso hizo que progra­másemos la temporada mexica­na dejando libre de festejos el mes de marzo para regresar a Es­paña, de modo que Guillermo no volviera este año a México”. Des­pués de contemplar sus evolucio­nes en el albero valenciano, el progenitor confiaba en su regre­so al país azteca “para cerrar has­ta el 11 de abril unas cinco o seis actuaciones más. A los pocos días de llegar a España, hacia el 16 de marzo, nos llamaron de México que todos los espectáculos de masas habían sido cancelados y que por lo tanto las corridas de toros quedaban suspendidas”.

Hasta ese instante, padre e hijo habían acumulado treinta festejos con “un balance muy positivo, sobre todo en el número de espectadores que fuimos capaces de concentrar en cada uno de ellos y luego en la madurez que se pudo comprobar en Guillermo en compromisos importantes”.

Hoy, con un horizonte “nada claro en un año o año y medio” y su preocupación por mantener a su equipo profesional, como reconoce, tanto Pablo como su hijo han modificado su preparación y la puesta a punto de sus caballos. Aprovechan el confinamiento para ejercitarse en Zaraputz y aleccionar a los caballos más jóvenes en movimientos interiorizados por aquellos otros que están ya consagrados. Dice Guillermo que las estrellas siguen a otro ritmo más suave en un “régimen de libertad” controlada. “Habrá que ver la parte positiva y aprovechar este tiempo para aprender”, se dice a sí mismo en una cuadra de 33 equinos aptos para montar en la lidia.