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GRAN FAENA Y UNA OREJA

La tarde comenzó cuesta arriba con la lluvia que comenzó a desatar en Zacatecas apenas quince minutos antes de comenzar el festejo. Sería de forma intermitente, pero ya estuvo acompañando durante toda la corrida, lo que incomodó a los espectadores el seguimiento del espectáculo y a los actuantes sus evoluciones.

Con la misma tónica de mansedumbre de toda la corrida, o peor, salió el único toro que esa tarde iba a lidiar Guillermo. No pudo tener un nombre más poco apropiado para tan poca bravura: CAGANCHO. Desde luego que con este manso, rajado, Guillermo lo intentó e todas las formas pero era complicado hasta llegar a reunirse con él. JIBARO, DISPARATE, GALLO II y NEVADO fueron los que lo intentaron, la mayoría de las veces en esfuerzos baldíos aunque llegasen a poner la banderilla. Entre lo más destacable las banderillas de GALLO II y el primer par a dos manos colocado con NEVADO, todo ello con cero colaboración del toro.

Esto hizo que Guillermo decidiese regalar un toro, concretamente un sobrero de Bernaldo de Quirós que a la postre resultó el mejor del festejo. Un novillo-toro bravo, con mucha movilidad y que ahora sí, permitió al menor de los Hermoso desarrollar una  lidia completa y en la que solo el rejón final no permitió triunfar más rotundamente. Una lidia que acortó de salida con MANIZALES para luego poder lucir en el segundo tercio, donde DISPARATE volvió a poner un tendido boca abajo. Aprovechó la bravura de Zacatecano para galopar de costado, para templar con hermosinas a lo largo del anillo y para gustarse en las reuniones donde ahora sí el toro llegaba al pecho y no el pecho al toro como hasta ahora. GAIATO continuó con el hervidero, preparando la suerte de forma espectacular, aclamado por el tendido y atacando desde lejos, dejándose ver para cuartear perfectamente. Llegó el último tercio y con NEVADO dejó tres banderillas cortas, volviendo a lucir en un par a dos manos por los adentros. Volvió a cambiar de caballo y con ALBINO pinchó dos veces en lo alto antes de dejar un rejón entero que hizo doblar al toro. A pesar de los pinchazos, la plaza solicitó un trofeo por la gran faena realizada y la presidencia accedió, haciendo así justicia al esfuerzo y al toreo desarrollado.